Los terremotos en la Península Ibérica
Siempre que pensamos en terremotos se nos viene a la cabeza de forma casi automática los grandes sucesos que han afectado a otros lugares del Planeta y solemos olvidar que nuestra Península Ibérica también es sísmicamente activa. No hay que irse muy lejos para recordar la Crisis Sísmica del Mar Alborán, el Terremoto de Lorca de 2011, etc. Estos son ejemplos que nos hacen pensar que aunque normalmente nos consideramos a salvo de estos sucesos catastróficos, de vez en cuando nos vemos afectados por alguno de ellos, y no siempre son tan pequeños como a los que estamos acostumbrados.
Figura 1: Mapa de localización de los epicentros de los principales terremotos que se han producido próximos a la Península Ibérica (Fuente: Instituto Geográfico Español).
Lo primero que debemos tener en cuenta a la hora de hablar de la tectónica de placas de la Península Ibérica es que, desde el punto de vista geológico, España y Portugal se consideran como partes de una microplaca propia que actualmente, y desde hace unos millones de años, se encuentra atrapada entre dos placas tectónicas mayores que no se están quietas: la placa Euroasiática al norte, y la placa Africana al sur. Esta situación hace que nuestra microplaca sea empujada constantemente hacia el norte, hacia la placa Euroasiática. De hecho este movimiento convergente de las dos placas es lo que ha llevado al plegamiento de los terremotos de la Península, dando áreas deprimidas (cuencas) que alternan con áreas elevadas (sistemas montañosos), tal y como se puede ver en la imagen inferior.
Figura 2: Mapa geográfico de la Península Ibérica (tomado de wikipedia.org) y corte topográfico N-S de la misma en la que se aprecia cómo el relieve se puede definir como oscilante, con elevaciones que corresponden con los sistemas montañosos alternando con depresiones que definen las principales cuencas fluviales (tomado de geoperspectivas2bachiller.blogspot.com).
¿Qué peligrosidad sísmica tenemos en España?
Antes de entrar en detalles, debemos saber que riesgo sísmico y peligrosidad sísmica no son sinónimos, ya que el primero de ellos es la probabilidad de sufrir un terremoto con capacidad para producir daños importantes, y el segundo, es la probabilidad de que un terremoto supere un valor determinado en un periodo de tiempo concreto. De los dos conceptos, el que nos interesa para saber a qué nos podríamos enfrentar en un momento dado en el futuro es el segundo. La peligrosidad sísmica nos sirve para tener una idea de cuál es el periodo de retorno de terremotos de cierta magnitud. El problema es que para calcular de una forma aproximada este parámetro dentro de una región, es necesario disponer de una muestra temporal lo bastante amplia como para poder hacer extrapolaciones fiables. En este sentido, España solo tiene registro instrumental desde 1962, y aunque el registro histórico sea amplio, los datos no nos dan mucha información. Por tanto, se puede afirmar que la muestra temporal de la sismicidad histórica en España está muy sesgada y es bastante incompleta, sobre todo en cuanto a terremotos de media y baja intensidad (que mide los daños producidos, no la energía liberada), de manera que todos los análisis llevados a cabo con ellos deberán ser manejados con mucho cuidado.
Tras el análisis de los datos de los que se dispone, se puede decir que la Península Ibérica, tiene una sismicidad moderada en la que los terremotos más grandes nunca han superado una magnitud de 7,6. Pero hay que tener en cuenta que no todas las zonas tienen la misma peligrosidad debido a que no todas las zonas son iguales geológicamente. Por ejemplo, si utilizamos la intensidad máxima para un periodo de retorno de 500 años (imagen inferior) podemos ver que el área con más peligro sísmico es sin duda el sureste peninsular, donde se prevé que se puedan producir terremotos que lleguen a alcanzar una intensidad VIII, lo que quiere decir que se produzcan derrumbes parciales o graves daños en los edificios más antiguos y grietas de gravedad. Aunque también tenemos una zona de importante peligrosidad en la región de los Pirineos, donde se podrían llegar a terremotos de intensidad VII ocasionando daños graves en edificios viejos, desplome de chimeneas de manpostería y grietas en edificios. Ambas regiones son precisamente las que corresponden a los límites de la microplaca con la placa Africana y la placa Euroasiática, pero para hacernos una idea de las intensidades de las que hablamos las compararemos con el Terremoto de Lorca de 2011, que tuvo una intensidad de VII-VIII y el mayor terremoto de los que componen la Crisis Sísmica del Mar de Alborán, que tuvo una intensidad de VI.
Figura 3: Mapa de peligrosidad sísmica de España para un periodo de retorno de 500 años a partir de la intensidad estimada (fuente: Instituto Geográfico Nacional).



Comentarios
Publicar un comentario